Bocairent 1971 en COLOR: el Tercio de Zuavos y la fiesta de San Blas como nunca se había visto (Documento inédito)


 Hay documentos que no son “un vídeo antiguo”. Son una máquina del tiempo. Y lo que hoy presentamos en Zuavos del Mundo es exactamente eso: un documento gráfico histórico inédito en color de Bocairent, año 1971, en pleno corazón de las Fiestas de Moros y Cristianos en honor a San Blas.

Porque Bocairent no solo celebra: Bocairent recuerda, transmite y deja huella. Y cuando esas imágenes aparecen en color real, la emoción se multiplica.


San Blas en Bocairent: la fiesta que lo envuelve todo

Las fiestas patronales de Moros y Cristianos de Bocairent se celebran en torno a San Blas y llenan el pueblo de indumentaria, música festera, pólvora, desfiles y tradición. Es una de esas celebraciones que no se explican del todo con palabras… hay que verla, sentirla, escucharla.

En Bocairent, el ambiente festero “lo cubre todo”: las calles, el paso de las filaes, la mirada del público, la energía de la banda… y esa sensación de estar viviendo algo que viene de lejos y seguirá muchos años más.


1971: cuando el color convierte la memoria en presencia

Lo especial de este documento no es solo la fecha. Es el detalle.

En 1971 el pueblo se ve distinto: la luz, los uniformes, la estética de época, las caras jóvenes de quienes hoy son memoria viva… y sobre todo el ritmo de una fiesta que mantiene el alma intacta.

El color no es un adorno: es una revelación. De pronto, no estás “viendo un pasado”… estás pisándolo


El protagonista: la Filà Terç de Suavos (Tercio de Zuavos)

Si hay una presencia que atraviesa la historia festera de Bocairent con fuerza propia, esa es la Filà Terç de Suavos, del bando cristiano.

Según la información histórica disponible, la Filà fue fundada en 1867, y en sus orígenes llegó a ser conocida como “Suavos del Papa”, evolucionando después hasta el nombre con el que se reconoce hoy.

Además, su localización actual en la Placeta de Sant Blai no es casualidad: es símbolo, raíz y pertenencia.

Y en estas imágenes de 1971, lo que aparece no es solo una filà desfilando: es una forma de estar en la fiesta. Una manera de vestirla, caminarla y hacerla propia.


Lo que hace único este documento

Este tipo de grabaciones tienen un valor enorme porque capturan cosas que los programas de fiestas no pueden describir del todo:

  • El movimiento real de la Entrada, como se vivía entonces.

  • La indumentaria y sus detalles en una época concreta.

  • La atmósfera del pueblo, sin filtros ni reinterpretaciones.

Y sobre todo: la sensación de que Bocairent no es un decorado, sino un escenario auténtico donde la tradición ocurre de verdad.

Bocairent, una fiesta con historia… y con futuro

Las Fiestas de Moros y Cristianos en honor a San Blas son una referencia, y siguen preparándose año tras año con la misma intensidad con la que se vivían hace décadas.

Eso es lo emocionante: ver 1971 y darte cuenta de que hay cosas que cambian… pero hay otras que permanecen.


Una invitación a la comunidad festera

Este artículo (y el vídeo) no quieren ser solo un “archivo bonito”. Quieren ser una puerta abierta para todos:

📌 Si eres de Bocairent, seguro que reconoces calles, gestos y momentos.
📌 Si eres festero, vas a ver detalles que ya no se repiten igual.
📌 Si amas la historia, aquí tienes memoria viva en movimiento.


Zuavos del Mundo: conservar, contar y compartir

En Zuavos del Mundo creemos que la fiesta no solo se celebra: se guarda, se honra y se transmite.

Y este Bocairent 1971 en color no es nostalgia: es patrimonio.

Porque cuando el pasado aparece con nitidez… deja de ser pasado.

¡Vitol al Patró Sant Blai! 

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El uniforme verídico de los Zuavos Carlistas PFB 2022

 

Agustín Pacheco, Ignacio Silvestre y Javier Suárez.

Desde la creación de los Zuavos Carlistas por parte del Infante Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria Este en el contexto de la Tercera Guerra Carlista, se ha tenido la certeza desde siempre que el traje de la Filà Tercio de Zuavos es un fiel reflejo al utilizado por estos Zuavos y es este su génesis. Pero es una gran equivocación que a continuación se va a demostrar. 

Los Zuavos Pontificios (que no eran la guardia de Papa, la guardia es la Guardia Suiza Pontificia desde 1506), establecidos por Christophe Léon Louis Juchault de Lamoriciere (antiguo oficial de los Zuavos Franceses) en 1860 por mediación del Monseñor Xavier de Mérode (Camarlengo de Pio IX) para la defensa de los Estados Pontificios adoptó el uniforme muy parecido a de los Zuavos Franceses pero con pequeñas diferencias, como el colorido (un gris azulado para la tropa y celeste para los oficiales), el quepi sustituyendo el fez, y el trébol de tres hojas con el falso bolsillo en la parte frontal de la chaqueta por la doble cruz latina en color escarlata, la lacería en color rojo para la tropa y negra para los oficiales, etc. 

Don Alfonso de Borbón se alistó en los Zuavos Pontificios el 29 de junio de 1868 (la Filà Tercio de Zuavos, originalmente llamada Zuavos del Papa fue creada en 1867), y aunque por su estatus podía haber ascendido al cuerpo de oficiales, eligió empezar desde la base como soldado raso, y llegó a tener el grado de alférez. El 20 de septiembre de 1870 tras la derrota en la Puerta Pía del Ejército Pontificio frente a las tropas garibaldinas, los Estados Pontificios se redujeron a lo que conocemos actualmente como la Ciudad del Vaticano. Se disolvieron el regimiento de infantería, carabineros extranjeros, batallón de cazadores, regimiento de dragones, regimiento de artillería, la gendarmería, voluntarios papales y por supuesto los Zuavos Pontificios. Parte de estos Zuavos se alistaron en Francia para la defensa nacional del gobierno francés frente a los prusianos. Su duración fue muy corta, desde octubre de 1870 hasta agosto de 1871. Los uniformes que se utilizaron fueron los mismos que tenían en él los Zuavos Pontificios, la bandera sin embargo era la del Sagrado Corazón de Jesús.

Al iniciarse la Tercera Guerra Carlista, fue nombrado Don Alfonso Carlos, por su hermano Don Carlos VII, general en jefe del Ejército de Cataluña a principios de 1873. Para llevar a cabo la contienda, llamó a sus antiguos camaradas que estuvieron en los Zuavos Pontificios para unirse a la causa, al igual que hicieron en Francia. Para ello creó los Zuavos Carlistas, una unidad especial tipo guardia de corps con sus antiguos compañeros, uno de los más conocidos fueron los hermanos holandeses August e Ignacio Wills. Debido a las dificultades en tiempos de guerra, los recursos eran escasos, los uniformes utilizados eran los mismos donde servían como Zuavos Pontificios, un poco más ajados y los nuevos uniformes tomarían como patrón estos mismos, a excepción de la boina. El uniforme de Zuavo Carlista ha sido de las grandes incógnitas sobre la uniformidad de la Tercera Guerra Carlista, ya que apenas hay documentación sobre ella. 

Existen un par de fotos en blanco y negro en el archivo de Ripoll, y de las ilustraciones que podemos encontrar, el 90% no son correctas, ya que el colorido del pantalón difiere del de la chaqueta y otros muchos más detalles. A raíz del galardón de la XV Edición del Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernado de Larramendi, y la posterior publicación del libro de “Wils y el Batallón de Zuavos Carlistas. Guerra en Cataluña 1869-1873”, se puso en contacto uno de los autores, Francisco Javier Suárez de la Vega, para profundizar sobre uno de los capítulos del libro que trata sobre la historia de la Filà Tercio de Zuavos. El otro autor del libro, Agustín Pacheco Fernández, propuso poder recrear un uniforme real y concreto de soldado de Zuavo Carlista, ya que en la actualidad es inexistente a excepción del uniforme de Don Alfonso Carlos de Zuavo Pontificio que se encuentra en el Museo del Carlismo de Estella.

Uniforme de Zuavo Carlista - Ignacio Silvestre Borrego

Un reto complejo ya que la documentación es escasa y en especial conseguir todos los elementos para su confección y por supuesto una mano experta para darle forma. El primer desafío fue encontrar el tejido idóneo, tenía que ser de paño de lana, como los que se confeccionaban en el siglo XIX, pero lo realmente complicado fue dar con el tono más aproximado. Gracias a la zona textil donde nos encontramos, esta tarea fue más fácil, pero laboriosa, ya que tenía que aproximarse al tono que se empleaba, que es un azul plomizo y no el gris de los Zuavos Pontificios. El siguiente paso fue conseguir los accesorios como los ribetes, cordones en el color rojo antiguo, botones de bola dorados, contratelas, etc. Aquí hay que dar gracias al uniforme de Zuavo Pontificio del Archivum Zuavum de Zuavos del Mundo, que ha sido de gran ayuda para plasmar todos estos detalles del uniforme. Otro aspecto, y es un elemento diferenciador del uniforme, es la doble lazada trebolada de la chaqueta, que gracias a las fotografías se pudo vectorizar hasta el mínimo detalle. Agradecemos a la diseñadora su paciencia y la felicitamos por el resultado final. La parte más complicada fue encontrar a la persona para confeccionar el traje, ya que no es un uniforme fácil de realizar porque tiene muchos elementos que han tenido que coserse a mano y descifrar los entresijos del patronaje antiguo. Contando con Mari Carmen Soriano, que ha realizado un trabajo soberbio con una exquisita confección en todos sus detalles y una implicación total, han dado como resultado este uniforme que fue exhibido en Madrid con la presentación del libro de “Wils y el Batallón de Zuavos Carlistas. Guerra en Cataluña 1869-1873” en el Instituto de Historia y Cultura Militar el pasado 22 de mayo de 2019. Fue el complemento perfecto para la presentación del libro, y de gran sorpresa para los asistentes que pudieron verlo en primera persona con todos sus detalles, entre los que había periodistas, escritores, militares, miniaturistas, historiadores, etc. Agradecer a la Asociación Retógenes «Amigos de la Historia Militar», que han sido los mecenas de este proyecto financiándolo en su totalidad. El uniforme se compone de los siguientes elementos:

Chaleco: Prenda de vestir sin mangas y que cubre el tronco que se lleva encima de una camisa y debajo de la chaqueta, cuya principal función era la protección del frío, y aportar mayor movilidad al torso, ya que la chaqueta solía ser más holgada. Aunque parece una pieza menor, ésta tiene su particularidad, y es que no está abierta por la parte central, sino que e abotona por el lateral y por el hombro. Este tipo de chalecos eran utilizados por muchos uniformes militares del siglo XIX. El motivo es que, en el abotonado central en la vida de un soldado con ciertos movimientos, los botones se podrían descoser dejando abierto el chaleco, con la abotonadura lateral estos están mucho más protegidos. La mayoría de los chalecos, sobre todo los de la tropa, no solían tener estos botones, dependía de las órdenes de vestimenta del regimiento o compañías correspondientes. Otro de los detalles son los dos bolsillos, uno a cada lado, que se utilizaban para guardar pequeños objetos, para el tabaco generalmente. Éstos no tenían solapa para que el acceso fuera más ágil. En la parte posterior solía estar forrado de un tejido más liviano, para mejorar la transpirabilidad y ser mucho más cómodo, ya que todo el chaleco con el mismo tejido de paño de lana hace que el torso quede más rígido, y también por economía, ya que estos tejidos eran más baratos y eso se notaba en el gasto total del uniforme. Este forro también estaba en el interior del chaleco. Como elementos decorativos tenía un ribete en color rojo, uno alrededor del cuello y otro en la parte central, sirviendo de base para los botones semicirculares dorados decorativos. El número de botones era numeroso, estaba entre las 34 y 36 unidades aproximadamente. 

Chaqueta: Posiblemente es la pieza del uniforme más difícil de confeccionar, una de las complicaciones era reproducir con la mayor exactitud posible la cruz latina de la chaqueta, la doble lazada con el trébol de tres hojas. Un elemento muy característico de los uniformes de los Zuavos, con la diferencia que en la parte interior es más abierta y hay un par de cordones que lo recorren de arriba a abajo. La dificultad en este aspecto es darle la forma al ribete rojo para girarlo en plano, puntada a puntada.

La parte trasera de la chaqueta es la menos conocida, ya que todas las ilustraciones, pinturas, fotografías, etc., están realizadas de frente. Se puede apreciar el nivel de detalle con la utilización de un cordón en color rojo que marca de manera interesante las piezas de las uniones de la chaqueta, ya que se utilizan para tapar las juntas y de esta manera hacerlos más resistentes, no solo tenía esta función estética. Uno de los detalles que llama la atención es el fuelle que tiene en los laterales. Su función es la de darle mayor elasticidad a la chaqueta y aportar mayor comodidad. Pero lo que sorprende es el trabajo de entrelazar dichos cordones. Al cuello de la chaqueta, al igual que en todo el perímetro exterior, está cosido el cordón rojo, y por el interior tiene el ribete en color rojo. La función de este cordón es la de proteger la tela de roce y el contacto con la piel. Aunque la confección es más costosa, se demuestra que alarga la vida útil de la chaqueta. En la parte superior del cuello, hay un enganche que sirve para que se ajuste al cuello, y evitar que se abra la chaqueta, aunque este tipo de chaqueta es abierta y no tiene botones, esta manera de ajustarla al cuello, la hace más cómoda y permite mucho más libertad de movimientos. El interior de la chaqueta está forrada con un tejido más liviano, y es totalmente funcional con el bolsillo interior. En la manga vemos, en pleno proceso de confección, como se aprovecha la junta de las dos telas de la manga, para colocar los botones, los cuales, gracias a este sistema, van a ras de tela y no sobresalen, por lo que su pérdida era mucho menor. Contando con 12 botones en cada manga. Dependiendo del grado del soldado se cosían unos galones en color rojo, para las oficiales se utilizaba una lacería más vistosa en color dorado con nudos austrohúngaros. 

Chaqueta de Zuavo Carlista

Pantalón: El pantalón del uniforme sigue la misma tónica que los pantalones utilizados por los Zuavos Franceses, los voluminosos pantalones tipo bombacho. Al igual que la chaqueta y el chaleco, el color del pantalón es el mismo, y es aquí donde esta la gran diferencia de las láminas existentes del uniforme de Zuavo Carlista en las cuales difería el color, pero no es correcto, ya que todas las piezas tenían el mismo tono de color. Otro de los detalles es el diseño del lateral del pantalón, que eran dos líneas paralelas y en el centro está el diseño realizado con un cordón en color rojo y en el centro el bolsillo. Al igual que el resto de piezas, los bolsillos del pantalón son totalmente funcionales y tiene el mismo forro que se utiliza tanto en la chaqueta como en el chaleco. El interior del pantalón tenía un forro diferente, y era una tela de algodón para no estar en contacto la piel con el paño de lana. El sistema de cierre de la bragueta era mediante botones, en este caso de madera, ya que la cremallera no existía en esa época. En el bajo del pantalón se aprecia que se cierra, para que se ajuste perfectamente a la pantorrilla y que el pantalón quedará lo suficientemente holgado para crear ese efecto de volumen, que le daba comodidad extra a la prenda. La polainas iban por encima de este bajo para ocultarlo y que para que quede más ajustado. Faja: Para la tropa es de lana en color rojo y para los oficiales de satén o seda también en color rojo. Sobre la faja solían llevar un cinturón para la cartuchera, los oficiales lo llevaban con más adornos en tonos dorados. Polainas: Las polainas son prendas que cubren desde el tobillo hasta la rodilla y la parte superior del empeine. El material utilizado puede ser tanto cuero como tela, normalmente se utilizaba la loneta de algodón. Se abrocha lateralmente en la parte exterior mediante 7 botones y se sujeta por debajo del pie mediante una correa. Se ajustaban a la parte superior mediante un cordón de lana. 

Boina: El elemento más característico del uniforme carlista. En este caso es de color rojo, lo que difiere es la borla, de color rojo para la tropa y dorada para los oficiales. En la parte superior de la borla solían tener cosida una chapa dorada con la siguiente inscripción: Voluntarios de C7 Dios, Patria y Rey. Y algunos oficiales la flor de lys en la parte frontal. La boina, en muchas ocasiones, se representa en color blanco, pero este color solo se utilizó muy al principio de su creación, pasando a ser de color rojo. Hay que añadir que aunque se reglamentó el uniforme carlista para cada unidad, esta norma no se aplicó a los Zuavos Carlistas, ya que era de sobra conocido cuál era su confección, y los uniformes que se encargaban, tanto a sastres franceses como los confeccionados en España, tenían muy definida su elaboración. 

Como curiosidad, estos uniformes eran utilizados tanto por la tropa como también por los músicos que los acompañaban y el pater del batallón vestía el mismo uniforme a diferencia del alzacuellos. 

Por cierto y para finalizar, la influencia real del traje de la Filà del Tercio de Zuavos no es la de los Zuavos Pontificios ni de los Zuavos Carlistas, ni de otras unidades que se crearon en esa época como los Zuavos de la Muerte en Polonia en 1863. La influencia es claramente francesa, pantalones bombachos granates/ rojos y chaqueta y chaleco de color azul. La boina hizo aparición en la Filá en 1882, así se confirma en la noticia aparecida en el diario La Discusión del 31 de enero de 1882 que decía lo siguiente: “Ha causado gran impresión y alarma entre los liberales de Bocairente (Valencia) y entre todas las personas sensatas y pacíficas de dicha importante villa, el anuncio de que en las próximas fiestas a San Blas, la comparsa de zuavos que forma parte de las varias que «se compone el ejército cristiano se presentará ostentando la «boina,» emblema tradicional de los carlistas. En años anteriores no se permitió el uso de esta prenda, que puede producir algún disgusto serio, y sería extraño que las autoridades consintiesen semejante imprudencia en la próxima festividad.” 

Ignacio Silvestre Borrego 

Zuavos del Mundo

Publicado en el programa de fiestas de Moros y Cristianos a San Blas de Bocairent 2022.

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Hemos devuelto el color a un capitán de los Zuavos Pontificios (1861–1868)




Uniforme de Paul Comte de Saisy de KerampuilCapitán de los Zuavos Pontificios

En Zuavos del Mundo seguimos persiguiendo un objetivo que nos apasiona: acercarnos lo máximo posible a la realidad visual del siglo XIX. Esta vez damos un paso más con un trabajo que, hace pocos años, habría sido impensable: hemos coloreado una fotografía histórica de un uniforme original, respetando tonalidades, contrastes y detalles con la máxima fidelidad.

Y lo hemos hecho de una forma muy concreta: partiendo de los datos auténticos del uniforme, y utilizando inteligencia artificial como herramienta para reconstruir “cómo se veía de verdad” en su época.

El resultado no es solo una imagen bonita: es una ventana histórica.

El protagonista: Paul de Saisy de Kerampuil



El uniforme pertenece a PAUL Césaire Emmanuel Marie Constantin, comte de SAISY de KERAMPUIL, nacido en Kersaint-Éloy (Côtes-du-Nord) el 29 de febrero de 1830.

Su carrera es un ejemplo perfecto del perfil de muchos oficiales extranjeros del ejército pontificio: constancia, ascenso por méritos y un compromiso absoluto con Roma. Entró como simple soldado y fue escalando desde sargento hasta teniente coronel, llegando a ser uno de los cuatro jefes de batallón de los Zuavos Pontificios.

Cronología de ascensos (Roma)

  • 29 junio 1860: se alista en los tiradores pontificios franco-belgas

  • 18 septiembre 1860: combate en Castelfidardo

  • 1 octubre 1860: nombrado subteniente

  • 1 enero 1861: pasa a los Zuavos Pontificios

  • 19 marzo 1861: teniente

  • 18 junio 1861: capitán

  • 27 diciembre 1868: jefe de batallón (chef de bataillon)

Tras la caída de Roma, su vida militar y política continúa en Francia con un perfil muy activo, llegando a ser teniente coronel, caballero de la Legión de Honor (agosto de 1871) y diputado del Finisterre (1885–1889). Fallece el 26 de abril de 1894 en Rennes.


La familia de Saisy de Kerampuil y su vínculo con los Zuavos

Lo que hace especialmente interesante este conjunto es que no hablamos de una pieza aislada: la familia de Saisy de Kerampuil está profundamente ligada a la epopeya pontificia.

  • Su hermano Hervé de Saisy de Kerampuil también se vinculó a los Zuavos Pontificios, con un recorrido militar muy notable y una figura legendaria (las crónicas lo describen como un auténtico gigante).

  • Su primo Charles se alistó en 1867, fue ascendido a sargento en 1868 y cayó en 1870 tras resultar gravemente herido.

  • Otro primo, Xavier, figura registrado desde 1861 y acabaría falleciendo también en 1870.

Este detalle es importantísimo porque nos habla de algo más amplio: la dimensión familiar, social y casi “dinástica” de muchos voluntarios católicos europeos que acudieron a Roma.


El uniforme: una joya del Segundo Imperio (1861–1868)

El conjunto se conserva en muy buen estado, con los inevitables signos del tiempo: pequeños faltantes en pasamanerías, alguna polilla, oxidación en botones y dos botones ausentes en el manteau. Aun así, lo esencial se mantiene con una fuerza visual enorme.

Y aquí es donde la reconstrucción en color se vuelve clave: porque este uniforme no era “azul oscuro” sin más, ni “azul claro genérico”. Tenía un tono muy específico, una estética muy propia, y una riqueza de galones y trenzas que cambia por completo cuando se ve en color.

1) Bolero (boléro) — drap bleu de ciel

El bolero es de un azul cielo (no turquesa, no marino: azul claro luminoso), ribeteado con lana negra en bordes festoneados.

  • Puños del mismo paño azul, con galón negro

  • Encima: tres trenzas de “plata dorada” formando el grado de chef de bataillon (un detalle espectacular)

  • La manga se cierra por detrás con 12 ojales, con pequeños botones tipo cascabel en latón dorado (0,8 cm)

  • Espalda riquísima en trenzas negras

  • Interior forrado con lienzo escarlata

📌 Lo que revela el color: el contraste entre el azul cielo y el negro profundo convierte la prenda en una pieza casi “gráfica”, de enorme presencia.


2) Chaleco (gilet) — azul cielo con 27 botones

El chaleco repite el azul cielo, con pasamanería negra, pero destaca sobre todo por una cifra que impresiona:

27 botones “grelots” de latón (0,8 cm) en el frontal.

  • La parte trasera es de tela fina negra

  • Forro completo en tono beige claro

📌 Lo que revela el color: en monocromo, estos botones se pierden; en color, se percibe la intención estética: brillo dorado repetido, casi como un patrón ceremonial.


3) Manteau con capucha — el abrigo “pontificio” por excelencia

Esta prenda es una de las más llamativas del conjunto:

  • Paño azul cielo con vivo negro

  • Cierre recto con 4 ojales a cada lado

  • Botones semiesféricos de latón estampados con armas pontificias (2,3 cm)

  • Totalmente forrado en escarlata

  • Capucha con cierre en la base mediante una presilla azul con vivo negro y dos botones (1,7 cm)

📌 Lo que revela el color: el interior escarlata no era un detalle menor; era una declaración visual. El abrigo, al abrirse o moverse, mostraba un rojo vivo que recordaba de inmediato el mundo romano, el ceremonial y la identidad del cuerpo.


4) Sarouel — el pantalón “zouave” en azul cielo

El sarouel mantiene la coherencia cromática:

  • Paño azul cielo

  • Vivo fino de lana negra

  • Cinturilla interior del mismo azul

  • Botones de bragueta en estaño

📌 Lo que revela el color: el sarouel en azul cielo hace que el conjunto sea todavía más singular. No es un simple “pantalón ancho”, sino una pieza que completa un bloque cromático muy reconocible.


¿Por qué este coloreado importa?

Porque durante décadas, al ver fotos antiguas, muchos imaginamos uniformes de forma aproximada. Y aquí sucede algo precioso:

El color elimina suposiciones
Devuelve contraste a los galones
Revela jerarquías con claridad
Nos acerca a la sensación real del uniforme en movimiento

Y, sobre todo, nos ayuda a comprender algo esencial:
los Zuavos Pontificios no vestían solo para combatir: vestían para representar una idea.


Un cuerpo nacido en un momento crítico (1860–1870)

Los Zuavos Pontificios surgen en la última década del Estado Pontificio, cuando su existencia se ve amenazada por la Unificación italiana.

Su uniformidad, inspirada en los zouaves franceses, fue adaptada al clima romano y al espíritu del cuerpo:
voluntarios internacionales, con predominio francés, belga y neerlandés, reunidos para defender Roma.

Desde los tiradores franco-belgas hasta la formación oficial del cuerpo (1 de enero de 1861), la historia del regimiento se convierte en una de las narraciones más intensas del siglo XIX católico europeo.

Procedencia: descendientes (y eso lo cambia todo)

Este uniforme procede de los descendientes directos, un detalle que refuerza su valor histórico.

No es una pieza “suelta” de mercado. Es memoria familiar convertida en objeto, conservada con sentido y transmitida con identidad.

Y ahora, gracias al color, también recupera presencia visual.


Un cierre para mirar el pasado con nuevos ojos

En Zuavos del Mundo creemos que la historia no solo se lee: también se contempla.
Y cuando la contemplamos con rigor —respetando tejidos, galones, tonos, forros, metales y símbolos— el pasado deja de ser una sombra.

Con este trabajo de coloreado mediante inteligencia artificial, hemos intentado lo mismo que haría un buen recreador histórico, un conservador o un ilustrador militar… pero con una ventaja moderna:
poder ver, en segundos, lo que antes era solo imaginación.

Porque a veces, basta con recuperar el azul cielo y el escarlata, para entender de golpe que aquellos hombres…
no pertenecen al blanco y negro.

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Bolero de Zuavo del 2.º Regimiento de Orán (1879): investigación y certificación de fibras en ATEXLAB para Zuavos del Mundo



 En Zuavos del Mundo presentamos el estudio de investigación que ATEXLIER, a través de su laboratorio textil ATEXLAB, ha realizado sobre un bolero —la característica chaqueta corta— perteneciente a un cabo del 2.º Regimiento de Zuavos con guarnición en Orán (Argelia), datado en 1879. La pieza llegó acompañada de un certificado de autenticidad que describía un paño exterior azul oscuro y un forro de “lino crudo”. Nuestro objetivo fue verificar y, en su caso, matizar esos datos mediante una metodología instrumental no destructiva, adecuada para patrimonio textil histórico.

Puedes ver el vídeo AQUÍ

La clave del trabajo de ATEXLAB ha sido la espectrometría infrarroja en modo FTIR-ATR, una técnica que permite identificar la huella molecular de las fibras sin cortar ni someter el tejido a reactivos. Esta aproximación posibilita muestrear distintas zonas de la prenda (tejido exterior, forros, falsos bolsillos, trencillas, ribetes o el llamado tombo) y comparar su composición in situ, algo esencial cuando hablamos de uniformes del siglo XIX que combinan materiales en función de la función de cada parte: abrigo, rigidez, adorno o refuerzo.

Los resultados confirman, en primer lugar, que el paño azul oscuro exterior es 100% lana, plenamente coherente con los tejidos batanados y consistentes que el Ejército francés empleaba en sus uniformes de campaña en la época. La lana aporta resistencia mecánica, comportamiento térmico estable y la caída necesaria para el perfil corto y ceñido del bolero zuavo.

En segundo lugar, el análisis de la pieza en color crudo del frontal —relacionada con el falso bolsillo— revela una mezcla 80% lana y 20% algodón. Este dato, además de ajustarse a prácticas de confección del periodo, enlaza con una curiosidad uniformológica: en los zuavos, el color del falso bolsillo ayudaba a identificar el regimiento. Precisamente el tono crudo constituye un indicio congruente con la atribución al 2.º de Orán, reforzando el encuadre histórico de la prenda.

El tercer bloque de muestreos se centró en trencillas, ribetes y el denominado “tombo”, elementos de galonería que proporcionan relieve, definición de los contornos y, en ocasiones, refuerzo en zonas de roce. ATEXLAB certifica aquí igualmente una composición 80% lana y 20% algodón. Esta arquitectura híbrida era habitual por razones funcionales y económicas: la lana aporta cuerpo y presencia, mientras que el algodón mejora la estabilidad dimensional y ayuda a controlar el coste sin comprometer el efecto visual.

El hallazgo más relevante atañe al forro interior. A simple vista, su tono crudo y tacto seco podían sugerir lino, y así figuraba en el certificado. Sin embargo, la espectrometría infrarroja ha determinado de forma inequívoca que se trata de 100% algodón. La confusión entre algodón y lino en su color natural es un error común cuando se evalúa únicamente por apariencia: ambos son celulósicos, pero su firma espectral difiere —el lino muestra bandas asociadas a lignina y pectinas residuales, mientras que el algodón presenta el patrón típico de celulosa prácticamente pura—. La instrumentación FTIR-ATR resuelve estas sutilezas sin dañar la pieza, aportando una certeza analítica que resulta valiosa tanto para la autenticación como para la conservación.

Desde la perspectiva de la uniformología histórica, el conjunto de resultados es altamente coherente con un bolero de zuavo francés de 1879 y con la graduación de cabo, identificable por los galones en la manga. La confirmación de lana 100% en el exterior respalda la funcionalidad térmica esperable en servicio en el norte de África, mientras que las mezclas 80/20 en elementos de adorno y refuerzo reflejan la praxis de taller de finales del XIX. La rectificación del forro a algodón 100% no es un mero detalle técnico: condiciona las recomendaciones de conservación (comportamiento higroscópico, gestión de humedad, ventilación y temperaturas), guía decisiones de restauración (selección de soportes y hilos compatibles) y afina la lectura museográfica de la prenda.

Este caso ilustra, en definitiva, cómo la aplicación de ciencia de materiales al patrimonio textil permite sustituir conjeturas por datos. La posibilidad de muestrear múltiples zonas sin agresión evita extrapolaciones arriesgadas —por ejemplo, asumir que la totalidad del interior es lino por su aspecto— y enriquece el relato histórico con evidencias: del regimiento asociado al color del falso bolsillo a la tecnología textil subyacente en cada componente.

Agradecemos expresamente a ATEXLAB y al equipo de ATEXLIER la realización de este estudio de investigación para Zuavos del Mundo. Su trabajo nos permite ofrecer a la comunidad una visión documentada y precisa sobre esta pieza excepcional, y abre la puerta a futuras líneas de análisis comparado con otras chaquetas de zuavo conservadas en colecciones públicas y privadas.

Si te interesan peritajes y certificaciones de composición para uniformes históricos, o quieres que estudiemos otras piezas de época con metodología no destructiva, cuéntanoslo en comentarios. 

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El Desfile que No se Olvidará: Honor, Pasión y un Pequeño Sacrificio en la Bastilla 🇫🇷⚔️

 

Quiero que hablemos hoy sobre una experiencia que, sin duda, quedará grabada en la memoria de los participantes y en la historia de los desfiles de conmemoración: el vibrante 14 de julio. Para quienes siguen el mundo de la recreación histórica, la pasión por estos eventos es palpable, y participar en ellos es siempre un privilegio.


El ambiente en París en esta fecha es algo mágico. La energía, el fervor patriótico y el peso de la historia se sienten en cada rincón. Desfilar por las calles, representando un pedazo del pasado, es una mezcla de orgullo, respeto y una profunda conexión con aquellos que vinieron antes. Cada paso, cada movimiento con el sable, es un tributo a la historia.

Y hablando de sables... Durante el desfile, en un giro inesperado de los acontecimientos, uno de los participantes tuvo un pequeño encuentro demasiado cercano con su propia hoja. Un movimiento, un reflejo, y de repente, un pequeño tajo en la oreja cortesía del sable.

Podría haber sido un momento para detenerse, para pedir asistencia. Pero en ese instante, en medio de la cadencia de la marcha, el sonido de los tambores y el aplauso de la multitud, algo impulsó al recreador a seguir adelante. La pasión y el honor de representar ese momento histórico eran mucho más fuertes que cualquier molestia. La sangre se limpiaría después, pero el desfile debía continuar.

Es en esos momentos, cuando la disciplina y el compromiso se ponen a prueba, donde se valora realmente el espíritu de lo que significa la recreación histórica. No se trata solo de la vestimenta o la precisión de los movimientos; es sobre la resiliencia, el respeto por la historia y el orgullo de ser parte de algo más grande.

Así que sí, este 14 de julio de 2025 será recordado por la anécdota del sable y la oreja. Pero, sobre todo, será el desfile que recordó a los participantes por qué aman tanto esta actividad: por la autenticidad de la experiencia y por la fuerza que impulsa a seguir adelante, pase lo que pase.

¿Alguna vez han presenciado o vivido algo inesperado durante un evento o recreación? Me encantaría leer sus anécdotas en los comentarios.

#DesfileHistorico #14DeJulio #Bastilla #RecreacionHistorica #HonorYDisciplina #MomentosInolvidables #Superacion #HistoriaMilitar #AnécdotasDeGuerra #OrgulloHistorico

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Zuavos y la Cruz de Lorena: un vínculo simbólico e histórico



La Cruz de Lorena, con sus dos barras transversales, ha sido más que un emblema religioso o regional: es la insignia del espíritu de resistencia y de la identidad francesa. Popularizada por la figura de De Gaulle durante la II Guerra Mundial como símbolo de la Francia Libre, también aparece en unidades militares previas y posteriores como un distintivo de orgullo y memoria.

1. Origen en el 8.º regimiento de zuavos

El 8.º Regimiento de Zuavos (créé en 1914, disuelto en 1962) utilizó la Cruz de Lorena en su emblema. Según la tradición militar francesa, esta cruz subrayaba una conexión con Lorraine: “la croix de Lorraine souligne que les cadres constitutifs appartenaient à des corps stationnés dans cette vieille province française”. De hecho, en una curiosa insignia de la Segunda Guerra Mundial, relacionada con los Zuavos libres, aparece un lobo con la doble cruz como signo de combate y libertad.

2. Otros regimientos que incorporaron la Cruz de Lorena

  • 14.º Regimiento de Zuavos: fundado en septiembre de 1939, su insignia también incluía el croissant y el chacal, símbolos clásicos de los zuavos, y remataba con la Cruz de Lorena, aquí destacando su paso por la región.

  • En general, los régiments mixtes de la época (por ejemplo, el 4.º Régiment mixte de Zouaves et Tirailleurs) no solían llevar este símbolo específico, pues estaban más ligados a tradiciones del África francesa y demás condecoraciones.

3. Significado histórico y militar

  • La Cruz de Lorena fue elegida por De Gaulle como respuesta al símbolo nazi; representaba orgullo nacional, fomentado por su uso en Lorraine desde el s. XV y como icono de recuperación tras la Guerra Franco-Prusiana .

  • En los zuavos, una unidad muy ligada a las campañas de ultramar y a la Guerra de Independencia argelina, su uso incorporaba un fuerte componente simbólico: preservar el honor militar y un vínculo con la Francia continental (y más específicamente con Lorraine) en la identidad de estos regimientos, tradicionalmente desplegados en África.

La Cruz de Lorena en los regimientos de zuavos —especialmente en el 8.º y el 14.º— es un símbolo doble: por un lado, manifiesta su conexión con la histórica provincia de Lorraine y su tradición de lucha; por otro, representa el orgullo militar francés y su resistencia frente al enemigo. En las insignias, la mezcla de elementos chacal junto con la Cruz de Lorena crea una simbología poderosa: la de una unidad forjada en África pero arraigada en la identidad y el honor francés.

Nota: También aparece en la insignia del  8.º regimiento de zuavos el chacal.

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El chacal, el animal de los Zuavos



Cuando observamos las antiguas insignias de los regimientos de Zuavos, llama la atención una figura que se repite con frecuencia: el chacal. Este animal, a menudo representado en actitud vigilante o al acecho, ha sido durante décadas un emblema asociado a estos famosos cuerpos de infantería ligera, conocidos por su valentía, su vistoso uniforme y su estilo de combate temido y respetado.

¿Por qué un chacal?

Aunque el león suele ser el animal heráldico por excelencia en Europa, el chacal tiene un simbolismo especial en el contexto colonial francés y, en particular, en Argelia, donde nacieron los primeros batallones de Zuavos en el siglo XIX. El chacal es un animal propio del norte de África, donde abunda en zonas semiáridas y montañosas. Los soldados zuavos, acostumbrados a operar en este entorno, tomaron al chacal como símbolo de astucia, resistencia y adaptación al terreno hostil.

Además, el chacal es un animal nocturno, sigiloso y oportunista, cualidades que encajan con el estilo de combate rápido, flexible y agresivo que caracterizaba a los Zuavos, sobre todo en misiones de reconocimiento, emboscadas y combate cuerpo a cuerpo.

Presencia en insignias y estandartes

Durante el Segundo Imperio y la Tercera República francesa, muchos regimientos zuavos lucieron insignias donde aparecía un chacal —a veces en actitud de ataque, otras en reposo— acompañado del número del regimiento y el nombre de batallas gloriosas como Sebastopol, Magenta, Solferino, o Puebla.

En ocasiones, el chacal aparece superpuesto a una media luna, otro símbolo recurrente que alude tanto al origen norteafricano de estos cuerpos como a sus campañas en territorios musulmanes. Este conjunto visual proyectaba una imagen de fuerza, exotismo y dominio sobre el terreno.

Más que un símbolo militar

Con el paso del tiempo, el chacal se ha convertido en un símbolo identitario para los grupos de recreación histórica y comparsas zuavas en España y otros países. Su imagen no solo evoca el pasado glorioso de estos soldados, sino que también conecta con una narrativa de lucha, coraje y conexión con la tierra donde combatieron.

En Ontinyent, por ejemplo, la Comparsa de Zuavos ha recuperado y reinterpretado este símbolo en escudos, blasones y estandartes, honrando esa parte de su legado militar y visual.

El chacal no es un animal elegido al azar. Representa el alma combativa, resistente y estratégica de los Zuavos. Un símbolo que nos recuerda que, aunque el uniforme brille con galones y borlas, la verdadera esencia del zuavo está en su capacidad de moverse como el chacal: inteligente, implacable y siempre preparado.

¿Segunda o Tercera Guerra Carlista?

 

Hermano contra hermano. 

El debate sobre cómo contar las guerras del Carlismo… y si fueron guerras civiles

El siglo XIX en España fue un siglo convulso, atravesado por inestabilidad política, pronunciamientos militares y enfrentamientos armados entre modelos opuestos de país. Entre estos conflictos destacan con fuerza las llamadas Guerras Carlistas, luchas entre los partidarios del absolutismo legitimista —los carlistas— y los defensores del liberalismo, primero isabelino y después constitucional.

Pero incluso algo aparentemente tan simple como numerar estas guerras genera controversia. ¿Fueron tres? ¿Fueron dos? ¿Es correcto hablar de "Tercera Guerra Carlista" para referirse al conflicto de 1872–1876? Y, más aún: ¿podemos decir que fueron guerras civiles?

La cronología tradicional: tres guerras carlistas

La mayoría de manuales y estudios especializados adoptan esta división:

  • Primera Guerra Carlista (1833–1840): Tras la muerte de Fernando VII, su hermano Carlos María Isidro reclamó el trono frente a Isabel II. Fue una guerra civil en toda regla, con varios frentes abiertos (Navarra, País Vasco, Aragón, Cataluña, Valencia) y un auténtico sistema paralelo de poder carlista.

  • Segunda Guerra Carlista (1846–1849): Conocida también como Guerra dels Matiners, tuvo un foco casi exclusivo en Cataluña. Fue un levantamiento menos extenso y con menor impacto, sin presencia del pretendiente carlista en suelo español ni grandes campañas militares.

  • Tercera Guerra Carlista (1872–1876): Liderada por Carlos VII (nieto de Carlos María Isidro), fue el último intento serio del carlismo por instaurar su modelo político. El conflicto tuvo una estructura de Estado carlista en zonas del norte, con ejército regular, administración propia y batallas de envergadura como Montejurra o Lácar.

¿Por qué algunos no la llaman “Tercera”?

No todos aceptan esta numeración. Algunos historiadores y aficionados consideran que solo hubo dos guerras carlistas propiamente dichas. La razón principal es la poca entidad del conflicto de 1846–1849, al que no consideran merecedor de ser contado como una guerra en toda regla.

Entre sus argumentos destacan:

  • Escasa dimensión geográfica y militar: La revuelta se concentró en Cataluña y no llegó a tener repercusión nacional. Tampoco hubo un ejército carlista regular ni una ofensiva coordinada.

  • Falta de liderazgo del pretendiente: Carlos VI, entonces jefe de la causa carlista, no pisó territorio español ni dirigió la insurrección. El movimiento careció de mando centralizado.

  • Comparación desproporcionada: Frente a la Primera y la Tercera, con miles de combatientes, frentes múltiples y estructura de Estado paralela, la llamada "segunda" queda muy por debajo en escala, duración y consecuencias.

Entonces… ¿cuántas guerras carlistas hubo?

Aunque el debate es legítimo, la mayoría de historiadores defienden la existencia de tres guerras carlistas, por razones tanto cronológicas como conceptuales. Entre los argumentos a favor destacan:

🟢 Coherencia histórica

Aunque la Segunda Guerra Carlista (1846–1849) no alcanzó la magnitud de las otras dos, su inclusión en la cronología responde a una lógica historiográfica ampliamente aceptada: todo levantamiento armado de alcance regional o nacional, liderado en nombre de un pretendiente carlista y con motivaciones políticas concretas, se considera parte del fenómeno carlista en su conjunto.

La Guerra dels Matiners, como se la conoce en Cataluña, no fue una simple revuelta local: hubo combates, movilización de tropas liberales, ejecución de jefes carlistas, proclamaciones políticas y una continuidad ideológica clara con respecto al movimiento iniciado en 1833.

Este enfoque se alinea con el tratamiento que se da en obras de referencia como:

  • 📘 La Era Isabelina y el Sexenio Democrático (tomo correspondiente de la Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara – Editorial Labor), donde se analiza la Segunda Guerra Carlista como parte de la continuidad del conflicto entre liberalismo y tradicionalismo en el siglo XIX.

  • 📘 Historia del Carlismo de Joaquín Arrarás, una de las obras clásicas del pensamiento carlista (aunque escrita desde una óptica afín al movimiento), que reconoce las tres guerras como momentos distintos y diferenciados dentro de la evolución del carlismo.

🟢 Terminología consolidada

En el plano de la divulgación y la enseñanza, la denominación de “Tercera Guerra Carlista” para el conflicto de 1872–1876 está firmemente asentada en la historiografía española y en los manuales académicos más influyentes. Esto se refleja en obras como:

  • 📚 Historia de España dirigida por Raymond Carr (Alianza Editorial), donde se tratan las tres guerras como episodios claramente diferenciados y se utiliza sin ambigüedad la expresión Tercera Guerra Carlista.

  • 📚 La España del siglo XIX de Javier Paredes, manual universitario donde se reconoce la existencia de tres guerras carlistas, situando la tercera como un conflicto de escala nacional con implicaciones políticas de largo alcance.

  • 📚 Historia Militar de España (dirigida por Carlos Canales y Miguel del Rey), que dedica un capítulo a la Tercera Guerra Carlista y analiza el desarrollo del ejército carlista de Carlos VII, la batalla de Lácar, el sitio de Bilbao y la organización estatal carlista desde Estella.

  • 📚 Atlas de Historia de España (Espasa), de uso habitual en enseñanza media y universitaria, que presenta mapas y cronologías claras con la división tripartita de las guerras carlistas.

Además, organismos académicos como la Real Academia de la Historia, en su Diccionario Biográfico Español, también distinguen entre Primera, Segunda y Tercera Guerra Carlista al abordar la vida de personajes como Carlos María Isidro, Ramón Cabrera o Carlos VII.

🟢 Importancia regional

En Cataluña, la Guerra dels Matiners dejó una huella importante tanto en la memoria colectiva como en la cultura política del siglo XIX. Excluirla sería ignorar una parte esencial del desarrollo del carlismo en esa región, que tuvo sus propias dinámicas y protagonismo dentro del conflicto.

¿Fueron guerras civiles?

Aquí entra un segundo debate, igual de interesante: ¿debemos considerar las guerras carlistas como guerras civiles?

La respuesta mayoritaria es , y con fundamento. Las guerras carlistas enfrentaron a españoles contra españoles por el modelo político y social del país. No fueron invasiones extranjeras, ni conflictos coloniales, ni simples rebeliones locales. Implicaron ejércitos organizados, movilización de población civil, fuertes divisiones ideológicas y claras consecuencias territoriales.

Además, reflejan una fractura interna que no se resolvió en un solo episodio, sino que se reactivó en diferentes momentos del siglo XIX. En ese sentido, pueden considerarse una guerra civil prolongada e intermitente, que tuvo distintas fases entre 1833 y 1876.

Conclusión: el carlismo, más allá de la numeración

Llamemos “Segunda” o “Tercera” a la guerra de 1872–1876, lo que nadie discute es que fue el último gran conflicto armado del carlismo, y una de las últimas guerras civiles del siglo XIX en España. Tras su derrota militar, el carlismo no desapareció: continuó como fuerza política, social e ideológica durante la Restauración y el siglo XX.

Este debate sobre la numeración no es solo una cuestión de orden cronológico: nos obliga a reflexionar sobre cómo interpretamos la historia, qué hechos consideramos relevantes y cómo varía el recuerdo de los conflictos según las regiones y generaciones.

📌 ¿Y tú qué opinas?
¿Crees que la guerra de 1846–49 merece el título de “Segunda Guerra Carlista”?
¿O prefieres considerar solo dos grandes guerras civiles carlistas?

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Presentación del libro: "De cap profit cap mort. 150 anys de la Batalla de Camorra o de Bocairent"


El próximo viernes 23 de mayo a las 19:30 horas, en la Sala Joan de Joanes de Bocairent, se presentará el volumen número 11 de la colección d’estudis locals:

"De cap profit cap mort. 150 anys de la Batalla de Camorra o de Bocairent".

Se trata de una obra coral que reúne las aportaciones de destacados historiadores locales como Rafael Pérez, Carles Nájar, Julián Monerris y Jairo Vañó, junto con especialistas reconocidos en el tema como Antonio Caridad y Javier García. A ello se suman las magníficas imágenes de fotógrafos de la zona como Blai Vanyó, Vicent Carbonell, Antonio Barrientos y Rafael Domènech, así como la aportación literaria del poeta Sergi Gómez i Soler.

📖 Un detalle especial: el Ajuntament de Bocairent obsequiará con un ejemplar del libro a todas las personas asistentes al acto. Una ocasión perfecta para profundizar en uno de los episodios más importantes y menos conocidos de la Tercera Guerra Carlista en tierras valencianas.

Este volumen es también el complemento perfecto a otra obra imprescindible para los interesados en este conflicto:
"La Acción de Bocairente: Las batallas olvidadas de la Tercera Guerra Carlista Valenciana" de Ignazio Silvestre Borrego, disponible a nivel mundial en Amazon.

Este libro ha sorprendido por su enfoque exhaustivo y riguroso, rescatando del olvido la llamada Acción de Bocairente, un enfrentamiento decisivo pero frecuentemente eclipsado por otros episodios de la guerra.
🔎 El autor recopila más de 230 artículos periodísticos de 90 medios distintos, y por primera vez se incluyen mapas detallados que permiten seguir con claridad el desarrollo del combate y las estrategias de ambos bandos.

Uno de los grandes valores de la obra es su enfoque multidisciplinar: contrasta las versiones oficiales con las crónicas de prensa de la época, desde posturas liberales, carlistas y neutrales, revelando contradicciones, propaganda y conflictos ideológicos que rodearon la batalla. Todo ello enmarcado en el contexto de la Primera República.

Además de su riqueza documental, destaca la narrativa fluida de Ignazio Silvestre, que logra combinar el rigor histórico con una lectura apasionante. Con ilustraciones inéditas, retratos de los protagonistas y una extensa bibliografía, esta obra se convierte en una referencia fundamental tanto para investigadores como para amantes de la historia.

¡No te lo pierdas! La historia de Bocairent merece ser contada, conocida y reconocida como parte esencial del pasado valenciano.
Este viernes tienes una cita con ella.

Libro "La Acción de Bocairente: Las batallas olvidadas de la Tercera Guerra Carlista Valenciana" disponible AQUÍ

Por cuestiones de agenda no podré asistir a la presentación del libro, pero espero poder tener un ejemplar para disfrutar de su lectura, enhorabuena a todos los participantes de esta obra sobre Bocairent y su historia.

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