La ratlla de la misèria. PFB 2015


La ralla de la miseria (ratlla de la misèria) siempre ha sido muy especial. Gracias a esta ralla algunos masets se abren cada domingo y muchos festeros vamos. Allí nos encontramos y aunque sean minutos escasos se aprovecha para quedar en comidas y cenas. En el año 1996 en la filà Terç de Suavos las ideas hervían en la cabeza de algunos componentes. Tanto hervían que en la comida se les ocurrió hacer una sorteo de una gallina y un conejo. Pero el agraciado con el número tenía que correr por el maset detrás de la gallina o el conejo si se lo quería llevar a casa. Antonio J. Calatayud era el encargado de hacer la ralla todos los domingos y una noche de panellet Manolo Santonja y Manolo Beneyto hicieron un trato que firmaron en un trozo de papel de uno de los manteles de la mesa del Bar Solbes. El contrato ya estaba hecho, el día de la comida de la miseria traerían tres vaquillas de Arzeneta y harían una becerrada en la plaza de toros. Ahora había que poner en marcha toda la maquinaria. Primero buscar los toreros y la cuadrilla, el sustituto, los picadores, el personal sanitario, la banda de música y todo el resto de gente. Teníamos que pedir los correspondientes permisos a las autoridades y a los encargados de la plaza de toros.

Toda la filà se puso en marcha, todos querían participar, así que se hizo un cartel de toros, se buscaron los trajes de torero y picador, el de las manuelas y el resto de personal que tenia que participar. La comida de la miseria coincidía con el día del Acapte y todavía no acabamos de recoger el dinero y el camión de las vaquillas ya estaba en la plaza para entorilarlas. El camión llevaba tres vaquillas jóvenes, no pasaban de la cintura de una persona pero desde arriba parecían toros de 500 kilos. Las puertas de la plaza de toros estaban abiertas de puerta en puerta y el ganadero abrió la puerta preguntándonos si estábamos preparados. Tenían que irse colocándose todos de manera que cuando las vaquillas saltaran del camión tendrían que enfilarse hacia los corrales de la plaza donde están los toriles. Todos eran muy valientes y estaba claro que las vaquillas bajarían por delante de ellos y por la puerta que estaba abierta entrarían al corral. De hecho así lo hicieron dos, pero una salió del camión dando un salto y saltó por encima de la cabeza de todos los que la estaban esperando abajo. Miré hacia la puerta de la plaza y la vi abierta, pensé en la gente que que estaba ya esperando la banda de música en el Ravalet, todos mudados. Menos mal que la vaquilla se quedó entre la puerta de la arena y el camión. Hubo unos momentos de mucha tensión para los que estaban bajo y para los que miraban desde arriba. Todavía me asusto cuando pienso en la vaquilla que saltó y me la imagino corriendo hacia la plaza dels Olmets.

Las tres cuadrillas se correspondían con tres grupos de festeros de la filà, abría el cartel Manuel Calabuig, Currito de Libia; José Vañó, Morenito de Sant Jaume y Hector Vaño, El Yeso; como sustituto Juan Enrique Chafer Soler, Albóndiga aquí. El resto de amigos de los cuatros toreros hacían de picadores, banderilleros, areneros, etc.

A la hora prevista las tres cuadrillas, acompañadas por los músicos de instrumentos de alambre de los Marrocs, salían del maset a hacer el pasacalle desde la plaza del Ayuntamiento hasta la plaza de toros, donde les esperaban tres caballos con sus respectivos jinetes, dos de ellos eran del Bar Solbes. La corrida empezó con todo el ritual del mundo del toreo. La salida de los caballos a la plaza seguida de los tres toreros, banderilleros y picadores. Todos ellos acompañados de la banda de música que después hizo la vuelta a la arena subió a lugar donde le correspondía, mientras la plaza iba llenándose lentamente. En el resto de masets, todavía los festeros estaban celebrando la comida de la miseria y la sobremesa se alarga.

A las cuatro de la tarde empieza la corrida de tres bragadas vaquillas que anuncia el cartel. Se estrena en la plaza Currito de Libia con unos pases de capote a una vaquilla con unos cuernos de cinco centímetros. Se nota el arte y la maestría del torero, pero la vaquilla muy nerviosa no para. Aparece el picador que se la podía poner bajo del brazo y después de cuatro pases de los subalternos la vaquilla cae arrodillada en la tierra pidiendo que le devolvieran al corral. Aparece el torero, ahora ya con las armas de la suerte de matar, y continua toreándola, muleta y espada de madera. Unos cuantos pases de muleta y acaba el tercio de la muerte entrando a matar y lanzando la espada hacia atrás. Dos orejas y vuelta es el premio que se merece.

La segunda vaquilla de la tarde seguramente era la que por la mañana saltó por encima de los que la esperaban al pie del camión. Nada mas salir da un salto atlético que casi salta hasta la barrera, y después de correr entre maderas sale por una de las puertas hacia la arena. Una vez fuera, el primero que la toreo fue el torero sustituto, Albóndiga aquí, que después de unos pases de capote se la deja a su amigo Morenito de Sant Jaume, quien inicia una faena genial de pases en el tercio de varas. Aparecen los banderilleros de la cuadrilla, quieren banderillarla de poder a poder, al remolino, haciendo el avión o la moviola, pero la vaquilla es más lista de lo que ellos piensan y no se mueve hasta el final. Pepe el Moreno deja que su amigo Juan Enrique Cháfer sea el torero que se encargue del tercio de la muerte y este con la muleta y la espada inicia la faena que finaliza con un abrazo entre los dos toreros después que el segundo lanzará todas las armas y corriera hacia el refugio. Un espontáneo salta a la arena y le da cuatro pases nerviosos a la vaquilla, el Luis Norato con una gorra. Los toreros lo apartan porque finalmente, Morenito de Sant Jaume acabe la faena como toca. La música que no ha parado de sonar anima los momentos finales. A estas horas ya hay más de media plaza. Dos orejas, rabo y vuelta se merece este torero y la cuadrilla.

A puerta gayola recibió la vaquilla El Yeso, nerviosa como las otras no para de dar saltos por la plaza sorprendiendo a toreros y público. Aparece el picador mientras los banderilleros se preparan las banderillas, la vaquilla se pliega a los pies del picador. La vaquilla no deja banderillar y el maestro prepara la muleta para la lucha final entre el animal y el hombre. De toda la faena destacan los pases que hace de rodillas. Dos orejas, vuelta a la plaza. Flores del público es el premio a la cuadrilla y al torero. Antes de irse de la plaza, algun torero es llevado a hombros.

En fin, una tarde de verónicas, chicuelinas, revoleras, gaoneras, faroles, pases naturales, pases de pecho, golpes de pica, muchas fregolinas, todo de mentira, pero como si fuera de verdad. El público y los autores pasaron una buena tarde de la comida de la ralla de la miseria aquel 19 de enero de 1997.

Vicent Satorres Calabuig.


Publicado en la revista programa de les Festes de Moros i Cristians en Honor a Sant Blai de Bocairent (Valencia) en 2015

Texto traducido al castellano, el original está escrito en valenciano. Su finalidad es darle mayor difusión para los estudiosos tanto de las fiestas de moros y cristianos, así como de los Zuavos.
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