Hemos devuelto el color a un capitán de los Zuavos Pontificios (1861–1868)




Uniforme de Paul Comte de Saisy de KerampuilCapitán de los Zuavos Pontificios

En Zuavos del Mundo seguimos persiguiendo un objetivo que nos apasiona: acercarnos lo máximo posible a la realidad visual del siglo XIX. Esta vez damos un paso más con un trabajo que, hace pocos años, habría sido impensable: hemos coloreado una fotografía histórica de un uniforme original, respetando tonalidades, contrastes y detalles con la máxima fidelidad.

Y lo hemos hecho de una forma muy concreta: partiendo de los datos auténticos del uniforme, y utilizando inteligencia artificial como herramienta para reconstruir “cómo se veía de verdad” en su época.

El resultado no es solo una imagen bonita: es una ventana histórica.

El protagonista: Paul de Saisy de Kerampuil



El uniforme pertenece a PAUL Césaire Emmanuel Marie Constantin, comte de SAISY de KERAMPUIL, nacido en Kersaint-Éloy (Côtes-du-Nord) el 29 de febrero de 1830.

Su carrera es un ejemplo perfecto del perfil de muchos oficiales extranjeros del ejército pontificio: constancia, ascenso por méritos y un compromiso absoluto con Roma. Entró como simple soldado y fue escalando desde sargento hasta teniente coronel, llegando a ser uno de los cuatro jefes de batallón de los Zuavos Pontificios.

Cronología de ascensos (Roma)

  • 29 junio 1860: se alista en los tiradores pontificios franco-belgas

  • 18 septiembre 1860: combate en Castelfidardo

  • 1 octubre 1860: nombrado subteniente

  • 1 enero 1861: pasa a los Zuavos Pontificios

  • 19 marzo 1861: teniente

  • 18 junio 1861: capitán

  • 27 diciembre 1868: jefe de batallón (chef de bataillon)

Tras la caída de Roma, su vida militar y política continúa en Francia con un perfil muy activo, llegando a ser teniente coronel, caballero de la Legión de Honor (agosto de 1871) y diputado del Finisterre (1885–1889). Fallece el 26 de abril de 1894 en Rennes.


La familia de Saisy de Kerampuil y su vínculo con los Zuavos

Lo que hace especialmente interesante este conjunto es que no hablamos de una pieza aislada: la familia de Saisy de Kerampuil está profundamente ligada a la epopeya pontificia.

  • Su hermano Hervé de Saisy de Kerampuil también se vinculó a los Zuavos Pontificios, con un recorrido militar muy notable y una figura legendaria (las crónicas lo describen como un auténtico gigante).

  • Su primo Charles se alistó en 1867, fue ascendido a sargento en 1868 y cayó en 1870 tras resultar gravemente herido.

  • Otro primo, Xavier, figura registrado desde 1861 y acabaría falleciendo también en 1870.

Este detalle es importantísimo porque nos habla de algo más amplio: la dimensión familiar, social y casi “dinástica” de muchos voluntarios católicos europeos que acudieron a Roma.


El uniforme: una joya del Segundo Imperio (1861–1868)

El conjunto se conserva en muy buen estado, con los inevitables signos del tiempo: pequeños faltantes en pasamanerías, alguna polilla, oxidación en botones y dos botones ausentes en el manteau. Aun así, lo esencial se mantiene con una fuerza visual enorme.

Y aquí es donde la reconstrucción en color se vuelve clave: porque este uniforme no era “azul oscuro” sin más, ni “azul claro genérico”. Tenía un tono muy específico, una estética muy propia, y una riqueza de galones y trenzas que cambia por completo cuando se ve en color.

1) Bolero (boléro) — drap bleu de ciel

El bolero es de un azul cielo (no turquesa, no marino: azul claro luminoso), ribeteado con lana negra en bordes festoneados.

  • Puños del mismo paño azul, con galón negro

  • Encima: tres trenzas de “plata dorada” formando el grado de chef de bataillon (un detalle espectacular)

  • La manga se cierra por detrás con 12 ojales, con pequeños botones tipo cascabel en latón dorado (0,8 cm)

  • Espalda riquísima en trenzas negras

  • Interior forrado con lienzo escarlata

📌 Lo que revela el color: el contraste entre el azul cielo y el negro profundo convierte la prenda en una pieza casi “gráfica”, de enorme presencia.


2) Chaleco (gilet) — azul cielo con 27 botones

El chaleco repite el azul cielo, con pasamanería negra, pero destaca sobre todo por una cifra que impresiona:

27 botones “grelots” de latón (0,8 cm) en el frontal.

  • La parte trasera es de tela fina negra

  • Forro completo en tono beige claro

📌 Lo que revela el color: en monocromo, estos botones se pierden; en color, se percibe la intención estética: brillo dorado repetido, casi como un patrón ceremonial.


3) Manteau con capucha — el abrigo “pontificio” por excelencia

Esta prenda es una de las más llamativas del conjunto:

  • Paño azul cielo con vivo negro

  • Cierre recto con 4 ojales a cada lado

  • Botones semiesféricos de latón estampados con armas pontificias (2,3 cm)

  • Totalmente forrado en escarlata

  • Capucha con cierre en la base mediante una presilla azul con vivo negro y dos botones (1,7 cm)

📌 Lo que revela el color: el interior escarlata no era un detalle menor; era una declaración visual. El abrigo, al abrirse o moverse, mostraba un rojo vivo que recordaba de inmediato el mundo romano, el ceremonial y la identidad del cuerpo.


4) Sarouel — el pantalón “zouave” en azul cielo

El sarouel mantiene la coherencia cromática:

  • Paño azul cielo

  • Vivo fino de lana negra

  • Cinturilla interior del mismo azul

  • Botones de bragueta en estaño

📌 Lo que revela el color: el sarouel en azul cielo hace que el conjunto sea todavía más singular. No es un simple “pantalón ancho”, sino una pieza que completa un bloque cromático muy reconocible.


¿Por qué este coloreado importa?

Porque durante décadas, al ver fotos antiguas, muchos imaginamos uniformes de forma aproximada. Y aquí sucede algo precioso:

El color elimina suposiciones
Devuelve contraste a los galones
Revela jerarquías con claridad
Nos acerca a la sensación real del uniforme en movimiento

Y, sobre todo, nos ayuda a comprender algo esencial:
los Zuavos Pontificios no vestían solo para combatir: vestían para representar una idea.


Un cuerpo nacido en un momento crítico (1860–1870)

Los Zuavos Pontificios surgen en la última década del Estado Pontificio, cuando su existencia se ve amenazada por la Unificación italiana.

Su uniformidad, inspirada en los zouaves franceses, fue adaptada al clima romano y al espíritu del cuerpo:
voluntarios internacionales, con predominio francés, belga y neerlandés, reunidos para defender Roma.

Desde los tiradores franco-belgas hasta la formación oficial del cuerpo (1 de enero de 1861), la historia del regimiento se convierte en una de las narraciones más intensas del siglo XIX católico europeo.

Procedencia: descendientes (y eso lo cambia todo)

Este uniforme procede de los descendientes directos, un detalle que refuerza su valor histórico.

No es una pieza “suelta” de mercado. Es memoria familiar convertida en objeto, conservada con sentido y transmitida con identidad.

Y ahora, gracias al color, también recupera presencia visual.


Un cierre para mirar el pasado con nuevos ojos

En Zuavos del Mundo creemos que la historia no solo se lee: también se contempla.
Y cuando la contemplamos con rigor —respetando tejidos, galones, tonos, forros, metales y símbolos— el pasado deja de ser una sombra.

Con este trabajo de coloreado mediante inteligencia artificial, hemos intentado lo mismo que haría un buen recreador histórico, un conservador o un ilustrador militar… pero con una ventaja moderna:
poder ver, en segundos, lo que antes era solo imaginación.

Porque a veces, basta con recuperar el azul cielo y el escarlata, para entender de golpe que aquellos hombres…
no pertenecen al blanco y negro.

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Bolero de Zuavo del 2.º Regimiento de Orán (1879): investigación y certificación de fibras en ATEXLAB para Zuavos del Mundo



 En Zuavos del Mundo presentamos el estudio de investigación que ATEXLIER, a través de su laboratorio textil ATEXLAB, ha realizado sobre un bolero —la característica chaqueta corta— perteneciente a un cabo del 2.º Regimiento de Zuavos con guarnición en Orán (Argelia), datado en 1879. La pieza llegó acompañada de un certificado de autenticidad que describía un paño exterior azul oscuro y un forro de “lino crudo”. Nuestro objetivo fue verificar y, en su caso, matizar esos datos mediante una metodología instrumental no destructiva, adecuada para patrimonio textil histórico.

Puedes ver el vídeo AQUÍ

La clave del trabajo de ATEXLAB ha sido la espectrometría infrarroja en modo FTIR-ATR, una técnica que permite identificar la huella molecular de las fibras sin cortar ni someter el tejido a reactivos. Esta aproximación posibilita muestrear distintas zonas de la prenda (tejido exterior, forros, falsos bolsillos, trencillas, ribetes o el llamado tombo) y comparar su composición in situ, algo esencial cuando hablamos de uniformes del siglo XIX que combinan materiales en función de la función de cada parte: abrigo, rigidez, adorno o refuerzo.

Los resultados confirman, en primer lugar, que el paño azul oscuro exterior es 100% lana, plenamente coherente con los tejidos batanados y consistentes que el Ejército francés empleaba en sus uniformes de campaña en la época. La lana aporta resistencia mecánica, comportamiento térmico estable y la caída necesaria para el perfil corto y ceñido del bolero zuavo.

En segundo lugar, el análisis de la pieza en color crudo del frontal —relacionada con el falso bolsillo— revela una mezcla 80% lana y 20% algodón. Este dato, además de ajustarse a prácticas de confección del periodo, enlaza con una curiosidad uniformológica: en los zuavos, el color del falso bolsillo ayudaba a identificar el regimiento. Precisamente el tono crudo constituye un indicio congruente con la atribución al 2.º de Orán, reforzando el encuadre histórico de la prenda.

El tercer bloque de muestreos se centró en trencillas, ribetes y el denominado “tombo”, elementos de galonería que proporcionan relieve, definición de los contornos y, en ocasiones, refuerzo en zonas de roce. ATEXLAB certifica aquí igualmente una composición 80% lana y 20% algodón. Esta arquitectura híbrida era habitual por razones funcionales y económicas: la lana aporta cuerpo y presencia, mientras que el algodón mejora la estabilidad dimensional y ayuda a controlar el coste sin comprometer el efecto visual.

El hallazgo más relevante atañe al forro interior. A simple vista, su tono crudo y tacto seco podían sugerir lino, y así figuraba en el certificado. Sin embargo, la espectrometría infrarroja ha determinado de forma inequívoca que se trata de 100% algodón. La confusión entre algodón y lino en su color natural es un error común cuando se evalúa únicamente por apariencia: ambos son celulósicos, pero su firma espectral difiere —el lino muestra bandas asociadas a lignina y pectinas residuales, mientras que el algodón presenta el patrón típico de celulosa prácticamente pura—. La instrumentación FTIR-ATR resuelve estas sutilezas sin dañar la pieza, aportando una certeza analítica que resulta valiosa tanto para la autenticación como para la conservación.

Desde la perspectiva de la uniformología histórica, el conjunto de resultados es altamente coherente con un bolero de zuavo francés de 1879 y con la graduación de cabo, identificable por los galones en la manga. La confirmación de lana 100% en el exterior respalda la funcionalidad térmica esperable en servicio en el norte de África, mientras que las mezclas 80/20 en elementos de adorno y refuerzo reflejan la praxis de taller de finales del XIX. La rectificación del forro a algodón 100% no es un mero detalle técnico: condiciona las recomendaciones de conservación (comportamiento higroscópico, gestión de humedad, ventilación y temperaturas), guía decisiones de restauración (selección de soportes y hilos compatibles) y afina la lectura museográfica de la prenda.

Este caso ilustra, en definitiva, cómo la aplicación de ciencia de materiales al patrimonio textil permite sustituir conjeturas por datos. La posibilidad de muestrear múltiples zonas sin agresión evita extrapolaciones arriesgadas —por ejemplo, asumir que la totalidad del interior es lino por su aspecto— y enriquece el relato histórico con evidencias: del regimiento asociado al color del falso bolsillo a la tecnología textil subyacente en cada componente.

Agradecemos expresamente a ATEXLAB y al equipo de ATEXLIER la realización de este estudio de investigación para Zuavos del Mundo. Su trabajo nos permite ofrecer a la comunidad una visión documentada y precisa sobre esta pieza excepcional, y abre la puerta a futuras líneas de análisis comparado con otras chaquetas de zuavo conservadas en colecciones públicas y privadas.

Si te interesan peritajes y certificaciones de composición para uniformes históricos, o quieres que estudiemos otras piezas de época con metodología no destructiva, cuéntanoslo en comentarios. 

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El Desfile que No se Olvidará: Honor, Pasión y un Pequeño Sacrificio en la Bastilla 🇫🇷⚔️

 

Quiero que hablemos hoy sobre una experiencia que, sin duda, quedará grabada en la memoria de los participantes y en la historia de los desfiles de conmemoración: el vibrante 14 de julio. Para quienes siguen el mundo de la recreación histórica, la pasión por estos eventos es palpable, y participar en ellos es siempre un privilegio.


El ambiente en París en esta fecha es algo mágico. La energía, el fervor patriótico y el peso de la historia se sienten en cada rincón. Desfilar por las calles, representando un pedazo del pasado, es una mezcla de orgullo, respeto y una profunda conexión con aquellos que vinieron antes. Cada paso, cada movimiento con el sable, es un tributo a la historia.

Y hablando de sables... Durante el desfile, en un giro inesperado de los acontecimientos, uno de los participantes tuvo un pequeño encuentro demasiado cercano con su propia hoja. Un movimiento, un reflejo, y de repente, un pequeño tajo en la oreja cortesía del sable.

Podría haber sido un momento para detenerse, para pedir asistencia. Pero en ese instante, en medio de la cadencia de la marcha, el sonido de los tambores y el aplauso de la multitud, algo impulsó al recreador a seguir adelante. La pasión y el honor de representar ese momento histórico eran mucho más fuertes que cualquier molestia. La sangre se limpiaría después, pero el desfile debía continuar.

Es en esos momentos, cuando la disciplina y el compromiso se ponen a prueba, donde se valora realmente el espíritu de lo que significa la recreación histórica. No se trata solo de la vestimenta o la precisión de los movimientos; es sobre la resiliencia, el respeto por la historia y el orgullo de ser parte de algo más grande.

Así que sí, este 14 de julio de 2025 será recordado por la anécdota del sable y la oreja. Pero, sobre todo, será el desfile que recordó a los participantes por qué aman tanto esta actividad: por la autenticidad de la experiencia y por la fuerza que impulsa a seguir adelante, pase lo que pase.

¿Alguna vez han presenciado o vivido algo inesperado durante un evento o recreación? Me encantaría leer sus anécdotas en los comentarios.

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Zuavos y la Cruz de Lorena: un vínculo simbólico e histórico



La Cruz de Lorena, con sus dos barras transversales, ha sido más que un emblema religioso o regional: es la insignia del espíritu de resistencia y de la identidad francesa. Popularizada por la figura de De Gaulle durante la II Guerra Mundial como símbolo de la Francia Libre, también aparece en unidades militares previas y posteriores como un distintivo de orgullo y memoria.

1. Origen en el 8.º regimiento de zuavos

El 8.º Regimiento de Zuavos (créé en 1914, disuelto en 1962) utilizó la Cruz de Lorena en su emblema. Según la tradición militar francesa, esta cruz subrayaba una conexión con Lorraine: “la croix de Lorraine souligne que les cadres constitutifs appartenaient à des corps stationnés dans cette vieille province française”. De hecho, en una curiosa insignia de la Segunda Guerra Mundial, relacionada con los Zuavos libres, aparece un lobo con la doble cruz como signo de combate y libertad.

2. Otros regimientos que incorporaron la Cruz de Lorena

  • 14.º Regimiento de Zuavos: fundado en septiembre de 1939, su insignia también incluía el croissant y el chacal, símbolos clásicos de los zuavos, y remataba con la Cruz de Lorena, aquí destacando su paso por la región.

  • En general, los régiments mixtes de la época (por ejemplo, el 4.º Régiment mixte de Zouaves et Tirailleurs) no solían llevar este símbolo específico, pues estaban más ligados a tradiciones del África francesa y demás condecoraciones.

3. Significado histórico y militar

  • La Cruz de Lorena fue elegida por De Gaulle como respuesta al símbolo nazi; representaba orgullo nacional, fomentado por su uso en Lorraine desde el s. XV y como icono de recuperación tras la Guerra Franco-Prusiana .

  • En los zuavos, una unidad muy ligada a las campañas de ultramar y a la Guerra de Independencia argelina, su uso incorporaba un fuerte componente simbólico: preservar el honor militar y un vínculo con la Francia continental (y más específicamente con Lorraine) en la identidad de estos regimientos, tradicionalmente desplegados en África.

La Cruz de Lorena en los regimientos de zuavos —especialmente en el 8.º y el 14.º— es un símbolo doble: por un lado, manifiesta su conexión con la histórica provincia de Lorraine y su tradición de lucha; por otro, representa el orgullo militar francés y su resistencia frente al enemigo. En las insignias, la mezcla de elementos chacal junto con la Cruz de Lorena crea una simbología poderosa: la de una unidad forjada en África pero arraigada en la identidad y el honor francés.

Nota: También aparece en la insignia del  8.º regimiento de zuavos el chacal.

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El chacal, el animal de los Zuavos



Cuando observamos las antiguas insignias de los regimientos de Zuavos, llama la atención una figura que se repite con frecuencia: el chacal. Este animal, a menudo representado en actitud vigilante o al acecho, ha sido durante décadas un emblema asociado a estos famosos cuerpos de infantería ligera, conocidos por su valentía, su vistoso uniforme y su estilo de combate temido y respetado.

¿Por qué un chacal?

Aunque el león suele ser el animal heráldico por excelencia en Europa, el chacal tiene un simbolismo especial en el contexto colonial francés y, en particular, en Argelia, donde nacieron los primeros batallones de Zuavos en el siglo XIX. El chacal es un animal propio del norte de África, donde abunda en zonas semiáridas y montañosas. Los soldados zuavos, acostumbrados a operar en este entorno, tomaron al chacal como símbolo de astucia, resistencia y adaptación al terreno hostil.

Además, el chacal es un animal nocturno, sigiloso y oportunista, cualidades que encajan con el estilo de combate rápido, flexible y agresivo que caracterizaba a los Zuavos, sobre todo en misiones de reconocimiento, emboscadas y combate cuerpo a cuerpo.

Presencia en insignias y estandartes

Durante el Segundo Imperio y la Tercera República francesa, muchos regimientos zuavos lucieron insignias donde aparecía un chacal —a veces en actitud de ataque, otras en reposo— acompañado del número del regimiento y el nombre de batallas gloriosas como Sebastopol, Magenta, Solferino, o Puebla.

En ocasiones, el chacal aparece superpuesto a una media luna, otro símbolo recurrente que alude tanto al origen norteafricano de estos cuerpos como a sus campañas en territorios musulmanes. Este conjunto visual proyectaba una imagen de fuerza, exotismo y dominio sobre el terreno.

Más que un símbolo militar

Con el paso del tiempo, el chacal se ha convertido en un símbolo identitario para los grupos de recreación histórica y comparsas zuavas en España y otros países. Su imagen no solo evoca el pasado glorioso de estos soldados, sino que también conecta con una narrativa de lucha, coraje y conexión con la tierra donde combatieron.

En Ontinyent, por ejemplo, la Comparsa de Zuavos ha recuperado y reinterpretado este símbolo en escudos, blasones y estandartes, honrando esa parte de su legado militar y visual.

El chacal no es un animal elegido al azar. Representa el alma combativa, resistente y estratégica de los Zuavos. Un símbolo que nos recuerda que, aunque el uniforme brille con galones y borlas, la verdadera esencia del zuavo está en su capacidad de moverse como el chacal: inteligente, implacable y siempre preparado.

¿Segunda o Tercera Guerra Carlista?

 

Hermano contra hermano. 

El debate sobre cómo contar las guerras del Carlismo… y si fueron guerras civiles

El siglo XIX en España fue un siglo convulso, atravesado por inestabilidad política, pronunciamientos militares y enfrentamientos armados entre modelos opuestos de país. Entre estos conflictos destacan con fuerza las llamadas Guerras Carlistas, luchas entre los partidarios del absolutismo legitimista —los carlistas— y los defensores del liberalismo, primero isabelino y después constitucional.

Pero incluso algo aparentemente tan simple como numerar estas guerras genera controversia. ¿Fueron tres? ¿Fueron dos? ¿Es correcto hablar de "Tercera Guerra Carlista" para referirse al conflicto de 1872–1876? Y, más aún: ¿podemos decir que fueron guerras civiles?

La cronología tradicional: tres guerras carlistas

La mayoría de manuales y estudios especializados adoptan esta división:

  • Primera Guerra Carlista (1833–1840): Tras la muerte de Fernando VII, su hermano Carlos María Isidro reclamó el trono frente a Isabel II. Fue una guerra civil en toda regla, con varios frentes abiertos (Navarra, País Vasco, Aragón, Cataluña, Valencia) y un auténtico sistema paralelo de poder carlista.

  • Segunda Guerra Carlista (1846–1849): Conocida también como Guerra dels Matiners, tuvo un foco casi exclusivo en Cataluña. Fue un levantamiento menos extenso y con menor impacto, sin presencia del pretendiente carlista en suelo español ni grandes campañas militares.

  • Tercera Guerra Carlista (1872–1876): Liderada por Carlos VII (nieto de Carlos María Isidro), fue el último intento serio del carlismo por instaurar su modelo político. El conflicto tuvo una estructura de Estado carlista en zonas del norte, con ejército regular, administración propia y batallas de envergadura como Montejurra o Lácar.

¿Por qué algunos no la llaman “Tercera”?

No todos aceptan esta numeración. Algunos historiadores y aficionados consideran que solo hubo dos guerras carlistas propiamente dichas. La razón principal es la poca entidad del conflicto de 1846–1849, al que no consideran merecedor de ser contado como una guerra en toda regla.

Entre sus argumentos destacan:

  • Escasa dimensión geográfica y militar: La revuelta se concentró en Cataluña y no llegó a tener repercusión nacional. Tampoco hubo un ejército carlista regular ni una ofensiva coordinada.

  • Falta de liderazgo del pretendiente: Carlos VI, entonces jefe de la causa carlista, no pisó territorio español ni dirigió la insurrección. El movimiento careció de mando centralizado.

  • Comparación desproporcionada: Frente a la Primera y la Tercera, con miles de combatientes, frentes múltiples y estructura de Estado paralela, la llamada "segunda" queda muy por debajo en escala, duración y consecuencias.

Entonces… ¿cuántas guerras carlistas hubo?

Aunque el debate es legítimo, la mayoría de historiadores defienden la existencia de tres guerras carlistas, por razones tanto cronológicas como conceptuales. Entre los argumentos a favor destacan:

🟢 Coherencia histórica

Aunque la Segunda Guerra Carlista (1846–1849) no alcanzó la magnitud de las otras dos, su inclusión en la cronología responde a una lógica historiográfica ampliamente aceptada: todo levantamiento armado de alcance regional o nacional, liderado en nombre de un pretendiente carlista y con motivaciones políticas concretas, se considera parte del fenómeno carlista en su conjunto.

La Guerra dels Matiners, como se la conoce en Cataluña, no fue una simple revuelta local: hubo combates, movilización de tropas liberales, ejecución de jefes carlistas, proclamaciones políticas y una continuidad ideológica clara con respecto al movimiento iniciado en 1833.

Este enfoque se alinea con el tratamiento que se da en obras de referencia como:

  • 📘 La Era Isabelina y el Sexenio Democrático (tomo correspondiente de la Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara – Editorial Labor), donde se analiza la Segunda Guerra Carlista como parte de la continuidad del conflicto entre liberalismo y tradicionalismo en el siglo XIX.

  • 📘 Historia del Carlismo de Joaquín Arrarás, una de las obras clásicas del pensamiento carlista (aunque escrita desde una óptica afín al movimiento), que reconoce las tres guerras como momentos distintos y diferenciados dentro de la evolución del carlismo.

🟢 Terminología consolidada

En el plano de la divulgación y la enseñanza, la denominación de “Tercera Guerra Carlista” para el conflicto de 1872–1876 está firmemente asentada en la historiografía española y en los manuales académicos más influyentes. Esto se refleja en obras como:

  • 📚 Historia de España dirigida por Raymond Carr (Alianza Editorial), donde se tratan las tres guerras como episodios claramente diferenciados y se utiliza sin ambigüedad la expresión Tercera Guerra Carlista.

  • 📚 La España del siglo XIX de Javier Paredes, manual universitario donde se reconoce la existencia de tres guerras carlistas, situando la tercera como un conflicto de escala nacional con implicaciones políticas de largo alcance.

  • 📚 Historia Militar de España (dirigida por Carlos Canales y Miguel del Rey), que dedica un capítulo a la Tercera Guerra Carlista y analiza el desarrollo del ejército carlista de Carlos VII, la batalla de Lácar, el sitio de Bilbao y la organización estatal carlista desde Estella.

  • 📚 Atlas de Historia de España (Espasa), de uso habitual en enseñanza media y universitaria, que presenta mapas y cronologías claras con la división tripartita de las guerras carlistas.

Además, organismos académicos como la Real Academia de la Historia, en su Diccionario Biográfico Español, también distinguen entre Primera, Segunda y Tercera Guerra Carlista al abordar la vida de personajes como Carlos María Isidro, Ramón Cabrera o Carlos VII.

🟢 Importancia regional

En Cataluña, la Guerra dels Matiners dejó una huella importante tanto en la memoria colectiva como en la cultura política del siglo XIX. Excluirla sería ignorar una parte esencial del desarrollo del carlismo en esa región, que tuvo sus propias dinámicas y protagonismo dentro del conflicto.

¿Fueron guerras civiles?

Aquí entra un segundo debate, igual de interesante: ¿debemos considerar las guerras carlistas como guerras civiles?

La respuesta mayoritaria es , y con fundamento. Las guerras carlistas enfrentaron a españoles contra españoles por el modelo político y social del país. No fueron invasiones extranjeras, ni conflictos coloniales, ni simples rebeliones locales. Implicaron ejércitos organizados, movilización de población civil, fuertes divisiones ideológicas y claras consecuencias territoriales.

Además, reflejan una fractura interna que no se resolvió en un solo episodio, sino que se reactivó en diferentes momentos del siglo XIX. En ese sentido, pueden considerarse una guerra civil prolongada e intermitente, que tuvo distintas fases entre 1833 y 1876.

Conclusión: el carlismo, más allá de la numeración

Llamemos “Segunda” o “Tercera” a la guerra de 1872–1876, lo que nadie discute es que fue el último gran conflicto armado del carlismo, y una de las últimas guerras civiles del siglo XIX en España. Tras su derrota militar, el carlismo no desapareció: continuó como fuerza política, social e ideológica durante la Restauración y el siglo XX.

Este debate sobre la numeración no es solo una cuestión de orden cronológico: nos obliga a reflexionar sobre cómo interpretamos la historia, qué hechos consideramos relevantes y cómo varía el recuerdo de los conflictos según las regiones y generaciones.

📌 ¿Y tú qué opinas?
¿Crees que la guerra de 1846–49 merece el título de “Segunda Guerra Carlista”?
¿O prefieres considerar solo dos grandes guerras civiles carlistas?

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Presentación del libro: "De cap profit cap mort. 150 anys de la Batalla de Camorra o de Bocairent"


El próximo viernes 23 de mayo a las 19:30 horas, en la Sala Joan de Joanes de Bocairent, se presentará el volumen número 11 de la colección d’estudis locals:

"De cap profit cap mort. 150 anys de la Batalla de Camorra o de Bocairent".

Se trata de una obra coral que reúne las aportaciones de destacados historiadores locales como Rafael Pérez, Carles Nájar, Julián Monerris y Jairo Vañó, junto con especialistas reconocidos en el tema como Antonio Caridad y Javier García. A ello se suman las magníficas imágenes de fotógrafos de la zona como Blai Vanyó, Vicent Carbonell, Antonio Barrientos y Rafael Domènech, así como la aportación literaria del poeta Sergi Gómez i Soler.

📖 Un detalle especial: el Ajuntament de Bocairent obsequiará con un ejemplar del libro a todas las personas asistentes al acto. Una ocasión perfecta para profundizar en uno de los episodios más importantes y menos conocidos de la Tercera Guerra Carlista en tierras valencianas.

Este volumen es también el complemento perfecto a otra obra imprescindible para los interesados en este conflicto:
"La Acción de Bocairente: Las batallas olvidadas de la Tercera Guerra Carlista Valenciana" de Ignazio Silvestre Borrego, disponible a nivel mundial en Amazon.

Este libro ha sorprendido por su enfoque exhaustivo y riguroso, rescatando del olvido la llamada Acción de Bocairente, un enfrentamiento decisivo pero frecuentemente eclipsado por otros episodios de la guerra.
🔎 El autor recopila más de 230 artículos periodísticos de 90 medios distintos, y por primera vez se incluyen mapas detallados que permiten seguir con claridad el desarrollo del combate y las estrategias de ambos bandos.

Uno de los grandes valores de la obra es su enfoque multidisciplinar: contrasta las versiones oficiales con las crónicas de prensa de la época, desde posturas liberales, carlistas y neutrales, revelando contradicciones, propaganda y conflictos ideológicos que rodearon la batalla. Todo ello enmarcado en el contexto de la Primera República.

Además de su riqueza documental, destaca la narrativa fluida de Ignazio Silvestre, que logra combinar el rigor histórico con una lectura apasionante. Con ilustraciones inéditas, retratos de los protagonistas y una extensa bibliografía, esta obra se convierte en una referencia fundamental tanto para investigadores como para amantes de la historia.

¡No te lo pierdas! La historia de Bocairent merece ser contada, conocida y reconocida como parte esencial del pasado valenciano.
Este viernes tienes una cita con ella.

Libro "La Acción de Bocairente: Las batallas olvidadas de la Tercera Guerra Carlista Valenciana" disponible AQUÍ

Por cuestiones de agenda no podré asistir a la presentación del libro, pero espero poder tener un ejemplar para disfrutar de su lectura, enhorabuena a todos los participantes de esta obra sobre Bocairent y su historia.

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El escudo del Papa León XIV: símbolo de unidad y tradición agustiniana

 


El pasado sábado, 10 de mayo, fue revelado al mundo el escudo de armas y el lema del nuevo Pontífice, Su Santidad León XIV, elegido el pasado 8 de mayo de 2025. Con este gesto se completa uno de los actos simbólicos más importantes del inicio de un nuevo pontificado: la presentación del emblema que acompañará visualmente su ministerio petrino.

Un escudo de continuidad y significado personal

El escudo papal de León XIV mantiene los elementos principales que ya había escogido para su consagración episcopal, como signo de continuidad con su camino espiritual y pastoral. Está dividido diagonalmente (en banda descendente de izquierda a derecha) en dos campos claramente diferenciados:

  • Campo superior (diestra del escudo): fondo azul con un lirio plateado. Este símbolo, de gran tradición en la iconografía cristiana, representa la pureza y está profundamente asociado a la Virgen María. También puede interpretarse como una alusión a San José, custodio de la Sagrada Familia y modelo de humildad, fortaleza y obediencia, virtudes muy queridas por los agustinos.

  • Campo inferior (siniestra del escudo): fondo dorado o crema con la figura de un corazón inflamado y atravesado por una flecha sobre un libro cerrado. Esta es una clara referencia a San Agustín de Hipona, padre y doctor de la Iglesia, fundador espiritual de la Orden de San Agustín, a la que pertenece León XIV. La imagen evoca la experiencia de conversión de Agustín, plasmada en sus famosas palabras: “Vulnerasti cor meum verbo tuo” («Has traspasado mi corazón con tu Palabra»). El corazón atravesado simboliza el impacto transformador de la Palabra de Dios.

El lema: In Illo uno unum

Debajo del escudo figura el lema elegido por el Pontífice: “In Illo uno unum” («En Aquel único, uno solo»), una cita de San Agustín tomada de su Exposición sobre el Salmo 127. En ese texto, el santo explica cómo los cristianos, aunque sean muchos, forman un solo cuerpo en Cristo.

Este lema es también una declaración programática del nuevo Papa, que ya había subrayado en entrevistas anteriores la importancia de la unidad y la comunión como ejes de su visión eclesial. En palabras del entonces cardenal Robert Prevost:

“Como agustino, para mí promover la unidad y la comunión es fundamental. San Agustín habla mucho de la unidad en la Iglesia y de la necesidad de vivirla”.

Este mensaje resuena con fuerza en el contexto actual del proceso sinodal iniciado por el Papa Francisco, donde las palabras clave son comunión, participación y misión.

Los elementos tradicionales del escudo papal

Como es habitual en la heráldica pontificia, el escudo se encuentra acompañado por los siguientes elementos:

  • La tiara papal: tradicional símbolo del poder espiritual y temporal del Papa, representada aquí con sus tres coronas y una cruz en la parte superior.

  • Las llaves cruzadas: una de oro y otra de plata, símbolo de las llaves del Reino confiadas por Cristo a San Pedro. La llave dorada representa el poder espiritual, y la plateada el poder temporal. Están unidas por un cordón rojo.

  • Los cordones con borlas rojas: que decoran los lados del escudo, herencia visual del estilo eclesiástico medieval.

Interpretación espiritual y pastoral

El escudo de León XIV se presenta como una síntesis visual de su identidad espiritual, su pertenencia a la tradición agustiniana y su propósito pastoral. Habla de una fe que brota del corazón tocado por la Palabra, de una Iglesia que busca la unidad desde la diversidad, y de una misión centrada en el amor, el diálogo y la comunión.

En un momento en que la Iglesia enfrenta desafíos globales, tensiones internas y la necesidad de una renovación pastoral, el mensaje de León XIV a través de su escudo y lema es claro: “en Cristo, todos somos uno”.

Fuente: Vatican News

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Los Federins regresan a El Passeig en la Fira Modernista de Terrassa



En el marco de la XXII edición de la Fira Modernista de Terrassa, que se celebra los días 9, 10 y 11 de mayo, los históricos Federins – Trabucaires de Terrassa i de la Creu Alta vuelven a instalar su campamento en su ubicación habitual: El Passeig, uno de los puntos neurálgicos de esta emblemática feria que rinde homenaje a la sociedad catalana de finales del siglo XIX y principios del XX.

Sábado 10: Tradición, música y sabores de época

El sábado por la mañana arrancará con el tradicional "Esmorzar de l’obrer", una humilde y sabrosa arenque con pan con tomate, pagada simbólicamente con "rals" de la época. Durante la jornada habrá talleres infantiles, y actuaciones de las Dolçaines del CAT, los Acordionistas de l’Aula de Sons y otros músicos amigos que llenarán de ambiente modernista el campamento.

Además, como ya es tradición, se ofrecerán degustaciones y venta de la Ratafía Modernista de Terrassa, una bebida que se ha convertido en símbolo de estas jornadas culturales.

Domingo 11: El espíritu federalista desfila por las calles

El domingo a las 10:30 h tendrá lugar una espectacular cercavila por las calles de Terrassa bajo el grito de:
"¡Que vienen los carlinos! ¡Que vienen los federales!"
Una recreación que pone en escena el conflicto entre carlistas y federales del siglo XIX, de forma lúdica y festiva. Acompañarán este desfile la Colla Sardanista del Centre Aragonès, Els músics de la Pàjara y otros colaboradores.

Durante todo el fin de semana, el campamento del Passeig será punto de encuentro para la degustación de productos típicos, la música en vivo, la recreación histórica y, por supuesto, el espíritu combativo y festivo de los Federins.

Esta cita anual no solo celebra el legado modernista de Terrassa, sino que también revive de forma creativa y participativa episodios de la historia catalana, como el enfrentamiento entre carlistas y federales. Una ocasión única para que pequeños y mayores se acerquen al pasado, disfruten del presente y celebren la memoria colectiva desde la calle, la música y la convivencia.

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